Nuestros especialistas destacados en problemas con hijos

Carmen María Rus Martínez

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Alvaro Aguirre Moreno

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Eleonora Mercadante

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David Cortejoso Mozo

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Quien más, quien menos, pasa alguna etapa de rebeldía y conflictos con los padres durante la adolescencia, que se puede evidenciar en problemas de comunicación entre padres e hijos, menor rendimiento escolar o una actitud irrespetuosa, por ejemplo. Pero no por eso debemos pensar que nuestro hijo es problemático. Para detectarlo, podemos fijarnos en algunos detalles.

Indicios de hijos con problemas de conducta

  • ¿Cuál es el rendimiento escolar del menor? ¿Ha cambiado? ¿Tiene interés por lo que estudia?
  • ¿Qué hace en su tiempo libre? ¿A qué dedica el tiempo que no está estudiando?
  • ¿Comprende y acepta los argumentos que les dan sus padres, pese a la impaciencia típica de todo adeolescente?
  • ¿Cómo se relaciona con su entorno? ¿Habla con otras personas además de con su grupo de amistades? ¿Se comporta respetuosamente con el resto de personas?
  • ¿Cómo gestiona sus ahorros? ¿Está pidiendo más dinero que de costumbre?
Si en más de dos preguntas la respuesta es negativa o somos incapaces de responder, puede que debamos actuar porque estamos ante un hijo con problema de conducta, esto es, un hijo tóxico o tirano.

Rasgos del adolescente problemático

Muestra actitudes desafiantes: tiene un comportamiento agresivo hacia los padres y un incumplimiento frontal y muchas veces sin sentido de las normas y los límites familiares. Siempre lleva la contraria, sin respeto y con reacciones llenas de ira.

Es manipulador: utiliza a sus padres para lograr sus objetivos porque conoce a la perfección sus puntos débiles, algo que le cuesta más llevar a cabo en otros entornos fuera del hogar, como en la escuela o el instituto.

Es autoritario e intransigente a la hora de elegir lo que quiere comer, ver por televisión o estar enganchado al móvil, y si se le lleva la contraria, grita, amenazan y hasta puede agredir físicamente a sus padres.

Carece de empatía: es incapaz de ponerse en el lugar de otra persona y, por tanto, no puede experimentar ciertos sentimientos como la compasión, la culpa o el perdón.

Es caprichoso: sus deseos suelen provenir de un capricho momentáneo. Al tener una baja tolerancia a la frustración, puede reaccionar de forma violenta si no obtiene ese capricho.

Muchas veces, son las madres las principales víctimas, ya que los padres suelen infundirles más respeto y miedo.

En ocasiones, el problema de los hijos son los padres, ya sea por causas genéticas, por la educación más o menos laxa que les han dado estos y por circunstancias personales no gestionadas de forma óptima, como una separación, una familia monoparental con problemas o una familia desestructurada.

Cómo lidiar con un hijo tóxico

  • Establecer límites y normas razonables y razonados, que los padres nunca deberán cuestionar ante sus hijos.
  • Dedicar tiempo a comunicarse con sus hijos. Lo ideal es que los padres les pongan ejemplos de comportamiento a sus hijos y les expliquen las consecuencias de estos.
  • Evitar los premios. Las normas tienen que cumplirse porque detrás hay unos valores sólidos, no porque se vaya a recibir un premio.
  • Aceptar que hay cosas que no se pueden cambiar. Y entender que, al final, los niños y adolescentes son eso, niños y adolescentes que se mueven por la curiosidad e inmadurez sin malas intenciones.
  • Recurrir a la ayuda de un profesional, que es quien nos dará las claves para resolver los problemas entre padres e hijos.