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Es en la adolescencia cuando pueden aparecer los trastornos de la conducta alimentaria (TCA), entre los cuales, la anorexia, la bulimia, el trastorno por atracón y otros trastornos alimentarios no especificados. Los TCA suponen la tercera enfermedad crónica más frecuente entre adolescentes, según la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia (SEMG), y cada vez se manifiesta en edades más tempranas, en torno a los 12 años y 2,5 veces más frecuente en las chicas.

Por otra parte, la depresión también puede darse en este momento de la vida, con graves consecuencias. Sin ir más lejos, el suicidio es la primera causa de muerte no natural en los jóvenes de esta edad, incluso por encima de los accidentes de tráfico.

La presión social, sobre todo evidente en las redes sociales, la baja autoestima u otras situaciones anómalas en la relación con el entorno (acoso escolar, ciberbullying, por ejemplo), son los principales factores condicionantes de estas alteraciones en el desarrollo óptimo de los adolescentes.

Aspectos más importantes y delicados en el desarrollo de los adolescentes

La lucha independencia-dependencia: en la primera adolescencia (entre los 10 y los 13 años), la relación con los padres se hace más difícil, hay más confrontación, el humor es variable y existe una especie de vacío emocional. En la adolescencia media (entre los 14 y los 17 años) estos conflictos llegan a su máximo apogeo. Lo ideal es que después, a partir de la adolescencia tardía (18 a 21 años... o más) vayan reduciéndose, a la vez que se logra mayor madurez y un “regreso al hogar”.

La preocupación por el aspecto corporal: los cambios físicos y psicológicos que llegan con la pubertad pueden generar gran preocupación en los adolescentes, sobre todo en los primeros años, con el rechazo del propio cuerpo, inseguridades sobre su atractivo y crecimiento del interés por la sexualidad. En la adolescencia media, aumenta la aceptación del propio cuerpo pero sigue preocupándoles mucho la apariencia externa. Entre los 18 y 21 la propia corporalidad debe haberse aceptado sin problema.

Integración en el grupo de amigos: es vital para el desarrollo de las aptitudes sociales. La amistad, fuertemente emocional, es lo más importante, por encima de los padres. En la adolescencia media, estas relaciones amistosas se intensifican, se forman las pandillas, los grupos de deporte, surgen los gustos musicales y de moda e identidad (tatuajes, piercings, conductas de riesgo…). De los 18 a los 21 las relaciones de amistad se hacen menos intensas, reduciéndose el círculo social y centrándose más en una pareja.

Desarrollo de la identidad: en la primera adolescencia hay una visión utópica del mundo, con objetivos irreales; no existe, apenas, control de los impulsos y muchas veces se rechaza la intervención de los padres en determinados asuntos. En la siguiente etapa aparece esa sensación de “omnipotencia”, de comerse el mundo, que puede llevar a conductas de riesgo. Entre los 18-21, los adolescentes suelen ser más realistas y tener unos objetivos vitales más claros y unos valores más asentados.

Signos de alerta en los adolescentes

En muchos casos, la familia no es capaz de gestionar estos conflictos y no queda otra que recurrir a un profesional. Es importante hacerlo antes los primeros signos de alarma, esto es, cambios en el estado de ánimo demasiado frecuentes, autolesiones, cambios de apariencia o salud física, pérdida de apetito, un nuevo grupo de amigos, descuido de la higiene personal, pesadillas persistentes, cambios en el rendimiento escolar o dificultades para afrontar las actividades cotidianas.